Música y drogas, la danza maldita

Musica. Jim Morrison.

En anteriores artículos hemos descrito la alianza que se establece, como algo normal, entre el mundo de la fama y el de las drogas. Casos en los que por culpa de la adicción el artista afamado ha caído en desgracia, se ha recuperado o bien no ha superado la prueba y ha fallecido por culpa de este tremendo mal.

En este artículo, trataremos de ser más específicos y nos limitaremos al mundo de la música y a su estrecha relación con el consumo de estupefacientes. Desde las clínicas de Narcon o n Mediterráneo, creemos que estos artículos son de suma importancia para eliminar el mito impuesto de que la vida de los músicos y artistas famosos son ejemplos a seguir, hagan lo que hagan.

El origen de la siniestra relación

La fusión entre música y drogas tiene un origen histórico que podríamos situar en mediados del siglo pasado con el nacimiento del rock & roll. Sin duda alguna, los años 50 representan el inicio de esta danza en la que la diversión, la decadencia y la muerte bailan la misma melodía.

Para describir la situación que se vivió durante aquella época, una frase recurrente nos viene a la memoria “sexo, drogas y rock and roll”, convirtiéndose en un lema que describe perfectamente aquel tópico generacional destinado a acompañar a la música en su camino.

El alcohol será la droga que defina esta primera década y Elvis Presley el que se alce como Rey y representante en una Europa de posguerras, donde la sociedad comienza el eterno sueño de la prosperidad y el triunfo.

Posteriormente, en la década de los 60 la población juvenil sufriría una revolución cultural que hizo que se sintiera viva, responsable y protagonista de un momento único. Pese a ser unos años marcados por la Guerra de Vietnam, o precisamente por estas circunstancias, se hace fuerte el movimiento hippy, la contracultura y los movimientos anticapitalistas.

The Beatles serán los que marquen la época con sus canciones e igual hacen los Rolling Stone, Bob Marley, The Who y Bob Dylan, entre otros muchos. Para esta generación que quiso revolucionar el mundo con amor y felicidad, el LSD se convierte en la droga por excelencia, una sustancia que altera las conciencias y pretende crear un mundo nuevo, que trastorna la realidad y la percepción que se tiene de esta, puesto que la misma realidad no aporta las suficientes sensaciones que esta generación busca.

Diez años después, en la década de los 70, la sociedad despierta del sueño hippy y vuelve a la realidad con las tensiones políticas de la Guerra Fría y la entrada en las calles de drogas mucho más peligrosas que las anteriores, que provocaban muertes e infecciones virales a una población absorta que no sabe como atajar el nuevo problema.

La música se convierte entonces en un vehículo de protesta y expresión ante la inestabilidad política y económica. Así nace el Punk, uno de los movimientos más contestatarios del siglo XX. El grupo The Clash y la heroína son quienes mejor representan el espíritu de estos años. Otros como New York Dolls, Pink Floyd o Queen también se abren camino.

La contracultura ofrece aquí su máxima expresión, ejerciendo una eficaz desestabilización del sistema. Algunos historiadores quieren encontrar aquí la respuesta a la repentina llegada de la heroína a las calles a precios de saldo y a enfermedades de transmisión sanguínea y sexual como el sida, como elementos creados por los poderes dominantes para aplacar, y posteriormente eliminar, el peligro que estas manifestaciones desplegaban sobre el sistema social impuesto.

En los años 80 renace la filosofía del existencialismo, se impone el individuo como centro vital, la economía empieza a aflorar y surgen nuevas tecnologías que cambian la concepción de la música y de las drogas. Las protestas se sustituyen por el modelo social de la comodidad y el bienestar, las drogas son usadas como modelos para alcanzar el éxito en alguna de sus formas. La cocaína va quitándole protagonismo a la heroína a medida que el número de muertos e infectados aumenta y también lo hace el nivel económico del país.

Mezcladores y sintetizadores ayudan a crear lo que será el comienzo de la música electrónica. En estos años se busca la energía para moverse y es aquí donde la cocaína y las drogas sintéticas o de diseño hacen su aparición, haciéndose fuertes en los lugares dedicados al ocio nocturno. La década vendrá marcada por “La Movida”, en España, en ella Nacha Pop, Radio Futura o los Pegamoides, entre otros, cubren las noches.

Tras estos años de locura llegan los 90, acompañados de una música electrónica y alternativa más desarrollada. Será el éxtasis la droga que acompañe las fiestas, como en la década anterior. Chemical Brothers es quien da el empujón a estos tiempos.

Músicos a los que las drogas los llevaron a la destrucción o casi

Jim Morrison, líder de los Doors murió al parecer por un cóctel de drogas y alcohol en los setenta junto a la cantante de Blues Janis Joplin ahogada en su propio vómito por una borrachera. Jimi Hendrix, el guitarrista afroamericano y también adicto a las drogas y al alcohol se ahogó murió de la misma forma que la joven cantante entrando a formar parte de la santa trinidad de músicos muertos a los 27 años.

Kurt Cobain, líder de Nirvana en los ochenta, adicto a la heroína junto a Michael Jackson que murió de una parada cardíaca a causa de un excesivo abuso de cocaína y otras drogas a lo largo de su carrera son los dos grandes iconos de la música más reciente.

Son solo algunos de los ejemplos que esta unión histórica entre músico y drogas han dejado por el camino.

Otros han logrado sobrevivir a esta relación, aunque dejándolos muy mal trechos. Syd Barret, fundador de la exitosa banda Pink Floyd, en su relación con los alucinógenos comenzó a sufrir serios trastornos de personalidad, lo que finalmente hizo que dejara la música, considerándose un genio y recluyéndose en la casa materna hasta el final de sus días.

Otros casos conocidos se dan en el grupo Red Hot Chili Peppers, cuyos componentes han variado por este motivo desde sus inicios. El vocalista Anthony Kiedis y su ex guitarrista Hillel Slovak vivieron un pasado duro a causa de estas sustancias. En 1988, Slovak murió de sobredosis de heroína con tan solo 26 años. Kiedis tuvo mejor suerte y consiguió rehabilitarse para continuar tocando en su grupo. La canción “Underthe bridge” refleja aquella época del vocalista.

Las drogas y la música han recorrido un siniestro camino en paralelo, dejando, como decimos un camino plagado de cadáveres y vidas destrozadas que en ningún caso hay que imitar.


Si quieres seguir informándote de estos temas relacionados con el consumo de estupefacientes no dudes en visitar la página de narconmediterráneo.es y si crees que necesitas ayuda o alguien de tu entorno puede necesitarla acude al teléfono 955286026 y pide una cita o si lo prefieres ponte en contacto con ellos mediante el correo electrónico info@narcononmediterraneo.com .


Referencias

http://miriamcantalapiedra.blogspot.com/2013/09/musica-y-drogas-una-amistad-de-historia.html

http://theprisma.co.uk/es/2015/03/13/musica-y-drogas-una-amistad-con-historia/

AUTOR

Sergio Salinas

Director Ejecutivo de Narconon Mediterraneo

NARCONON MEDITERRÁNEO

EDUCACIÓN Y REHABILITACIÓN DE DROGAS